Thiago Rodrigues Dedino

¿Qué gran dificultad se nos interpone al intentar retratar la complejísima singularidad humana? Por mucho que pudiéramos traducir a la vida en palabras, nunca seríamos capaces de agotar a la inmensa y profunda realidad de una existencia.

Nacido en São Paulo en el año de 1989, hijo, nieto y bisnieto de obreros inmigrantes y campesinos sin tierra, Dedino tuvo una educación primaria profundamente precaria.  A través de su abuelo tuvo sus primeros contactos con la intelectualidad, ya que su abuelo, mismo no poseyendo más que una educación hogareña, siempre demostró profunda pasión por los temas que intrigan a la intelectualidad universal. Con tan solo 11 años, al perder a su estimado abuelo debido a una muerte prematura, Dedino se acercó de forma todavía más rotunda a las cuestiones existenciales que tan precozmente ya le ocupaban el pensamiento. Pudiendo acompañar desde muy joven la labor y las dificultades de su familia, la política siempre fue para él un tema profundo, íntimamente ligado al sufrimiento de su familia,  pueblo, tierra y continente.

Con esto, dedicó todos sus primeros años de estudio autónomo a la política. Por supuesto que delante del abismo con que el universo intelectual se presenta para un investigador que tan solamente tantea las cuestiones humanas, la soledad se le hizo la única presencia estable, tan necesaria como desagradable.  A los 16 años, vio en el ejército una opción laboral tanto útil como agradable, ya que tanto le daba la posibilidad de estudiar y de ejercitarse –cosas que siempre estimó mucho– como de mantener una renta. Imposibilitado de seguir una carrera militar debido a un accidente que tuvo anteriormente que le ocasionó una rotura de muñeca, se vio obligado a buscar otras opciones laborales y estudiantiles, cuando en un congreso de filosofía sobre el tiempo, pudiendo acompañar la presentación de Olgária Chain Feres Matos, se decidió por la carrera de Filosofía –aunque ya mantuviera contactos con la Filosofía, desde temprana edad, a través de sus estudios políticos.

Al recibirse en la carrera de filosofía, en la Universidade São Judas Tadeu, con 24 años, vio sus posibilidades laborales bastante limitadas, una vez que frente a la crisis político-económica –y del ascenso del Fascismo como fenómeno social, tanto en su país como en su estado y ciudad de nacimiento– el sector público fue directamente afectado, disminuyendo grandemente el contingente de profesores y de instituciones de enseñanza. Delante de una sociedad cada vez más problemática –tanto a nivel económico como a nivel político– decidió buscar nuevos horizontes sociales para poder trabajar y dar continuidad a sus estudios. Con lo que, a los 26 años se establece en la ciudad de Buenos Aires, en la cual pasa a orientar sus estudios para la Psicología, considerada como un complemento importante para sus conocimientos filosóficos.

Sus contactos con la paradoja se presentaban con la misma constancia con la cual se ponía a estudiar: ya desde las muchas paradojas indicadas por Nietzsche, de forma ni muy clara, ni muy sistemática, pasando por las muchas paradojas políticas y lógico-matemáticas, hasta que, a través de la lectura de Kant, Hegel y Heidegger, pudo finalmente depararse con la paradoja, no como un problema entre otros, sino como una cuestión ontológica y epistemológica. Fue en el Grupo de Estudios: Fenomenología y Hermenéutica, a tutoría del investigador Helio Sales Gentil, que pudo por primera vez sistematizar a la paradoja, generando su primer trabajo académico sobre el tema, intitulado Fundamentos de la Hermenéutica que, posteriormente, fue parcialmente publicado por la Universidade Federal de São Carlos. Sin embargo, el hecho de no haber podido expresar su descubierta a través de un sistema filosófico riguroso le puso bajo una crisis intelectual profunda, a punto de cuestionar todos sus logros intelectuales. Esa crisis fue también motor para que aplicara a la paradoja de forma más profunda, amplia y radical a los temas del conocimiento humano en general, cuando, aplicándola al psicoanálisis freudiano pudo, finalmente, encontrar la clave para expresar a la paradoja del conocimiento, no como una consecuencia de cierta forma de emprender una investigación, sino como un modelo de investigación capaz de alterar radicalmente los paradigmas existentes del conocimiento.

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